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Tengo un amigo que...

Tengo un amigo que esta mañana me ha mandado un whatsapp. Su “hola” sonaba triste. La verdad, no creía que lo estuviera porque es un tipo bastante extrovertido. Tengo un amigo que, cuando se siente triste, piensa que el mundo se le derrumba bajo sus pies. Bueno, es lo que nos pasa a todos cuando estamos así…, y no es que él no lo sepa, es que es muy pasional y parece que no se da cuenta. Tengo un amigo que no ve el mundo real porque las lágrimas se lo distorsionan, es lo que tiene estar con la autoestima en el centro del globo terráqueo… Cree que nadie se acuerda de que existe, en ciertos momentos en que los demás andan ocupados de sus cosas, igual que nos pasaría a nosotros si lo necesitásemos y él no respondiera; son cosas del ritmo de vida individual… Tengo un amigo que daría lo que fuera porque alguien le escuchara en ese momento en que me envía un whatsapp porque se le está rasgando el corazón por sentirse solo en su nido…, cuando la solución pasa por salir a la calle y comprar fruta, que es muy sana y no le queda nada en la nevera. Tengo un amigo que es una luz para muchos de nosotros, pero se mira poco en el espejo… Solo bastaría con que abriera los ojos un poco cuando se encuentra, supuestamente, en esa oscuridad que, dice, le acucia a veces; así vería su propio resplandor, su brillo… Tengo un amigo que hace cosas estupendas por los demás de manera tan cotidiana que no se da cuenta… Y aquí sí que tengo que decir que la culpa es un poco nuestra por no recordárselo de vez en cuando, porque es tan sensible que necesita una palmadita en el hombro, una sonrisa, una mirada cómplice o algo así, para sentirse con fuerza y seguir haciendo lo que hace, que es lo que mejor sabe hacer… Tengo un amigo que es igual que todos nosotros, pero se siente diferente cuando no lo es tanto. Siente altibajos emocionales, como nosotros; sufre de soledad involuntaria intermitentemente, como nosotros; los nubarrones le privan del sol algunas mañanas sin motivo alguno, como a nosotros; quiere gritar al mundo sus incertidumbres pero se queda mudo sin saber porqué, como nosotros; en fin… Tengo un amigo que es igual que nosotros menos en una cosa: él es un mago de los sentimientos. Es capaz de ponerse una nariz roja y hacer que el mundo entero cambie. Y eso no es fácil, de verdad, creedme… No es fácil despojarte de tu “yo” y ser cualquier otra persona, en cualquier disparatada situación, para hacer que los demás sueñen. Es un mago tan generoso que no le importa dejar de ser él mismo para hacer que los demás veamos la fantasía más fantástica que podáis imaginar… Y eso hace que a veces no se encuentre a si mismo. Pero esa confusión es pasajera, no dura para siempre, aunque a él si se lo parece… Tengo un amigo que dice que le duele la vida. Dolores hay muchos, pero solo uno es universal: el del alma… Y ese hay que gestionarlo de forma individual, porque ese es el que te enseña a superar todos los demás dolores, apoyándote en los whatsapps a los amigos, en las palmaditas y en la complicidad de los que te rodean, porque es importante y necesario sentir que puedes aferrarte a algo cuando te hace falta, la verdad…, ¿o no? Tengo un amigo que nos quiere muchísimo a los que estamos cerca de él, pero también al resto de la especie humana, y al mundo, y al universo… Ama todo lo que ve, porque ama la vida sin condiciones… Y por eso, y algunas cosas más, nosotros lo queremos a él. Incondicionalmente…

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