Venía esta tarde en el bus hacia mi casa y sentada frente a mí estaba una chica que sonreía. Claro, el primer pensamiento es: “mira ésta, se ríe sola, ¡que boba…!”. Luego, fijándome un poco más vi que llevaba los auriculares puestos. “Ah, vale, que estará oyendo algo que le gusta…”. Al rato, y con disimulo, veo que se guarda los auriculares en el bolso, lo cierra, cruza sus manos en el regazo y sigue sonriendo. No puedo evitar seguir espiándola de reojo, vigilando que no se me pase la parada, y sigue sonriendo. Pasan tres paradas mas, la siguiente es la mía y no para de sonreír. Se levanta al mismo tiempo que yo para bajar y, a mi lado, lo hace: sonríe!. Al bajar toma el camino opuesto al mío, pero yo, sin dejar de disimular, miro hacia donde va para ver si la sonrisa sigue en su cara; se gira para ver si viene algún coche en contra dirección y sí, sonrisa al canto. Bueno, yo a mi casa. Pero se me queda esa sonrisa en la mente. ¿Porqué no paraba de sonreír esa chica?, ¿quizá tenía un defecto físico y era corta de piel?, ¿llevaba un huevo de esos vaginales?, ¿o simplemente era feliz…?. Vale, ya se que esto se presta a un chiste más agudo, pero no voy por ahí…
La verdad, esa sonrisa me mosquea y me hace reflexionar. ¿Es normal que la gente vaya por ahí sonriendo sólo porque sí?, ¿es gente que está loca…?
Vale, ya está bien. Llego a casa y me meto de lleno en la cotidianeidad. A ver qué hago de cena, que las tripas ya rugen. Y nada, lo de siempre, algo ligero para dormir bien y luego un poco de tele. Una serie de esas que nos gustan y que seguimos con cierto fervor. En el capitulo de hoy los protas tiene una hija que nace con mucha dificultad, pero consiguen traerla al mundo sin que haya un médico por allí, y bla-bla-bla… Lo suficiente para que se me escape un lagrimón intempestivo que me haga sentir ridículo, ya que la escena no lo merece, es demasiado efectista. Así que me levanto discretamente para ir al baño a sonarme la nariz con la excusa de la alergia primaveral, y me lavo la cara. Salgo del baño al tiempo que esbozo una gran, cuadrada y falsa sonrisa, como si lo de la niña no fuese conmigo… Y ¡zas!, me quedo congelado recordando la “estúpida” sonrisa de la chica del bus. Por un momento me quedo confuso, y enseguida me quedo dudando sobre quién es más estúpido, si ella o yo. Me meto de nuevo al baño como una flecha y me miro en el espejo. Si, ese que veo soy yo, pero no me reconozco… Soy más hipócrita de lo que pensaba, no doy crédito. Mientras se va borrando mi cara de Joker me voy dando cuenta de las cosas que hacemos sólo para aparentar lo que no somos. Y no es eso de vestir de una manera concreta para que los demás vean que no tenemos problemas económicos, o de los gestos que hacemos forzadamente para aparentar seguridad en uno mismo. No. Son cosas más cotidianas, pequeñas, imperceptibles, de esas de andar por casa, y en casa, incluso con los nuestros. Me sigo mirando y sigo sin reconocerme. Tengo que ser honesto conmigo mismo. En realidad el “bobo” soy yo. Yo soy el imbécil que se siente ridículo si alguien me ve llorar por una emoción incontrolada, aunque se produzca por algo que sé que va a ocurrir. Y eso, aún sabiendo que es humano, lo niego por miedo al “qué dirán”. Y, además, me permito reírme del que no tiene prejuicios y es libre de emocionarse, de sentir, de dejarse sorprender por lo que ve, oye, huele…
Vuelvo al sofá y decido poner “¡Que bello es vivir!” a pesar de no ser Navidad. Tengo que aprender a ser la chica del bus…

Cuánta razón tienes Gil al decir que estamos siempre muy pendientes del qué dirán. Por culpa de esas cosas con encorsetamos y dejamos de ser quienes somos, convirtiéndonos en "Dios sabe qué", pues perdemos en espontaneidad, nos deslavazamos y desvirtuamos, pareciéndonos cada vez más a los japoneses, aunque a ellos todavía les salva su eterna sonrisa siempre dispuesta a ofrecerse en todo momento. Debemos practicar más ese ejercicio tan bello de la sonrisa y tan bueno para el alma, porque és verdad que surte efectos siempre positivos. Como suele decirse "a mal tiempo buena cara". Un abrazo Gil. Merxe.
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