Vivimos una vida real, claro, aunque a veces sea irreal; pero también puede ser surrealista. Y ese es el momento que vivo ahora. Me explico: estoy investigando un autor de teatro para un proyecto nuevo que llevo entre manos y, cosas de la red, doy con un enlace de una de esas webs que publican libros. Como quiera que llevo escribiendo/borrando/corrigiendo un libro desde hace unos años, la curiosidad está servida y entro para husmear un poco. Y no está mal, tiene su sección de los más vendidos, los más populares, novedades…, y en este último apartado veo una cubierta que me llama la atención por su estructura y leo el nombre del autor: C.C.S. (dejadme que haga como en esos programas mal llamados “de investigación” donde, para no desvelar la identidad de un sujeto, sólo ponen las iniciales para no pillarse los dedos con posibles demandas). Además, el titulo también es bastante sugerente e inequívoco, como muy familiar, y empiezo a preguntarme si ese tal C.C.S. es quien creo que es. Y resulta que lo es. Claro, llegados a este punto no puedo dejar que esto se quede así y sigo cotilleando… Como hay un pestaña en la que te invita a echarle un vistazo al libro por dentro, lo hago. La foto del escritor (lo siento, nene, pero los años pasan para todos…!), una breve biografía (vaya!, terminaste Medicina!) y una muestra de sus dotes literarias: es un POEMARIO.
La cuestión es que el susodicho fue mi pareja durante un tiempo bastante movido profesionalmente para mi, con muchos viajes, escenarios, entrevistas, pruebas, ensayos (perdonad mi pedantería, pero fue así) y aún no sé si se colgó de mi o de los “oropeles” de mi trabajo. Quiero decir que, mientras yo me mataba por sobrevivir en el mundo en que trabajo, él se preocupaba por rodearse y codearse de mis compañeros, los que tenían cierto renombre. Una actitud superficial, a la vez que un poco infantil. Todo era maravilloso para él y lo disfrutaba más que yo. Pero cuando tenía ensayos agotadores sin horario, era motivo de discusión…
Pues bien, parece que ha madurado y, ahora que es medico y ve que la vida es más real de lo que pensaba entonces, sus miras no están puestas en los focos y las bambalinas, si no en lo frágil que es la vida y la importancia que tiene sorber cada instante conscientemente. Eso le ha llevado a escribir una serie de poemas sobre los sentimientos que ha tenido desde entonces y los ha publicado. Y ahí es donde está el surrealismo de la cuestión: al leer esa muestra de su obra, he reconocido parte de lo que fue nuestra relación, y digo bien: HE RECONOCIDO parte de la historia que vivimos. ¡HECHA POEMA!. Y no lo digo con ironía, es literal. Es decir, que después de 20 años, me tropiezo en Internet con parte de mi vida, contada por un ex y hecha poema… ¿¿¿No es, cuanto menos, surrealista???.
La verdad es que no sé cómo tomármelo; tiene su punto guay que un ex, con el que tú cortaste, recuerde aquel pasado y reconozca cosas que entonces negó y lo haga de una manera tan…, tan…, ¿bucólica…?. Por otro lado no sé si me viene bien que eso salga publicado, aunque sea en un libro…, y no es por miedo a los programas del corazón porque, a Dios gracias, no es mi caso. Pero me siento desnudo, desprotegido, sin defensa. Es como salir a la calle en pijama sin darte cuenta.
Acostumbrado como estoy a los altibajos de mi profesión, no sé cómo asimilar esto. Imagino que, a no ser de que venda varias ediciones, no he de preocuparme en exceso y quedará en una anécdota curiosa. Y si C.C.S. se hiciera famoso gracias a sus poemas, habría conseguido lo que de joven quiso, reconocimiento popular; y yo siempre podría decir que fui quien le dio la oportunidad para hacerlo…
“¿Y si un día los deseos de los amores fantasmas se convierten en un circulo vicioso…?”
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