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Punto de inflexión



Ultimas horas de 2011… Los informativos muestran cómo en la otra parte del mundo ya es 2012. Todo es alegría, fuegos artificiales, música, fiesta, alcohol, besos y abrazos… Buenos deseos y algunos, los menos, no tan buenos. Todo preparado para, en teoría, el fin del mundo según los mayas. Mientras, en esta parte del mundo, nos preparamos para hacer lo mismo que nuestros predecesores. ¿O no?. Si, claro que si… Es algo que no cambia, ya lo decía Mecano. Un año más…
Yo, como hombre de artes escénicas que soy, intento estar al día de todo lo que acontece en todos los aspectos. Bien a través de la prensa, bien con el cine, los libros, el teatro o la televisión. Siempre hay algo entre mis manos para instruirme. Lo de los mayas es algo que ya nos adelantaron los profetas y que ya se encargaron los cineastas de sacarle partido, claro. Y también los escritores, la tele, las revistas… En fin, cualquiera que esté ávido de una buena historia para sacar un puñado de billetes. Y siempre hay algunos más avispados que otros. Gente que enarbola por bandera el “todo vale”, hasta lo propio según convenga. Si me interesa, hablo de mi vida privada (¿qué es eso?), y si no, saco mi dignidad delante del más chulo, porque pa´ chulo, yo.
Este es un mundo difícil, y los tiempos que vivimos, convulsos. Desde pequeño oía a mi alrededor que la vida era peor cada día, y que cualquier tiempo pasado fue mejor. Lo decían mis padres, pero también mi abuela, lo que me hace sospechar que el mundo hace siglos que va de mal en peor y no hacemos nada por remediarlo. Bueno, si, una cosa si: lo decimos. Decimos que todo está mal y que hay que hacer algo YA. ¿Pero cuándo?. Lo decimos, somos conscientes, lo constatamos a cada minuto en casa, en la calle, el trabajo… Pero NO MOVEMOS UN DEDO, a excepción (¡algo es algo!) del movimiento 15-M, por supuesto. Las editoriales publican libros de autoayuda para que nos sintamos mejor. La prensa nos da cuenta de todo lo malo que ocurre en el mundo, catástrofes, atentados y demás. Las películas “buenas” son las que nos muestran el lado más oscuro del ser humano (cuanta más sangre, mejor), y las “malas” son las moñas sentimentaloides que te tocan el corazoncito. Y la tele… Para la tele no hay adjetivo. Hay, sobre todo, un canal que utiliza ese “todo vale” para sacar todos los cuartos que pueda para llenar el bolsillo de princesas del pueblo, ex concursantes de realitys reciclados en colaboradores, pseudo periodistas que muestran su vida (incluso sexual) para seguir en el candelero, antiguas folklóricas venidas a menos, putas (si, putas…, y putos también) que están orgullos@s de haber echado 6 polvos con el famosillo de turno, ex mujeres de cantantes o toreros, presentadores (por decir algo) que están encantados de conocerse después de conseguir previo pago un Premio Ondas, cuñadas de folklóricas que van a islas “desiertas” a ver cómo “sobreviven”… Todos ellos usando un lenguaje que no puede ser más soez, usando la dignidad según conviene y haciendo de su filosofía de vida el criticar por criticar, como diría Fangoria. En fin, seguro que sabéis de qué hablo. Todos ellos con los bolsillos llenos de dinero, pero también de decrepitud, si me dejáis utilizar el término.
Está bien que haya de todo para poder elegir, pero la mala educación sólo me gusta en cine y filmada por Almodóvar, lo siento. En esos horarios en que se emiten esos programas mal llamados “del corazón” hay niños sueltos por casa. Niños que te dicen en un momento dado que “tú no eres nadie para meterte en mi vida” sin saber bien lo que dicen. Y no digo cosas más… “agudas” porque no quiero. Así nos va. No me apetece seguir hablándoos de este canal porque no voy a hacer apología de esto…
La cuestión es qué hacemos para que todo sea un poco mejor. Está claro que uno sólo no puede hacer mucho; y juntar a todos para ponerse en marcha es tarea poco menos que imposible. Yo sé por dónde puedo empezar para, por lo menos, estar en paz conmigo mismo. Sé que no tengo que “criticar por criticar”, nada más que cantando, que Alaska me gusta mucho. No me apetece chismorrear gratuitamente, me cansa y me da pereza, mucha pereza. No tiene sentido hablar de lo que no nos importa porque, encima, te lías, te lías y acabas inventándote lo que no sabes para parecer más importante ante los demás. Falsedad, hipocresía, mentira… Todos esos términos que decimos que odiamos, pero que practicamos a menudo y sin darnos cuenta a veces. No. Este año tiene que marcar un punto de inflexión, por lo menos, en mi vida. Porque si lo hago y lo practico, será lo que los demás perciban y, con suerte, se irán contagiando. Y si no, por lo menos yo me sentiré en paz, con la conciencia tranquila. No quiero una vida que se rija por lo que otros esperen de mí. Lo que espero es ser honesto conmigo mismo para serlo con los demás. Quizá eso vaya cambiando la conciencia global (ya se que suena pretencioso, ya) y así, tener un mundo algo más natural, más agradable. Llamarme romántico, utópico o necio… Yo no puedo saber si los mayas tienen razón o no, pero me da igual. Si que sé que está empezando a cambiar el mundo, ocurren cosas que lo demuestran. Y puede que este punto de inflexión sea mi granito de arena para que todo vaya a mejor…
Y ahora me voy a la mesa, que me esperan con una copa de vino para brindar por el año que está esperando en el umbral a que le invitemos a entrar en nuestras vidas…

¿Alguien más quiere brindar conmigo?


¡Feliz y esperanzado 2012!

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